A Pastoral Letter from the Bishop


  To be read at all services in every congregation of
The Episcopal Diocese of Fort Worth
on Sunday, August 10, 2003.


Canon III.24.5
The Diocesan Bishop may deliver, from time to time, a Charge to
the Clergy of the Diocese and a Pastoral Letter to the people of the Diocese

on points of doctrine, discipline, or worship. The Bishop may require
the Clergy to read the Pastoral Letter to their Congregations.


Dear People of God,

I write to you as your Chief Pastor at the conclusion of the 74th General Convention of the Episcopal Church. No doubt you already have seen and heard in the public media about some alarming decisions made at the Convention that depart from the Church’s traditional teaching on sexual morality and marriage. It has been a troubling time for your Convention Deputies and for me as we have sought to uphold Biblical authority on two specific matters.

First, our entire Deputation voted against the approval given by the General Convention for the consecration of a practicing homosexual to become a Bishop of this Church in the Diocese of New Hampshire. Second, we also voted against the resolution that now allows the blessing of same-sex unions in the Episcopal Church.

We are deeply saddened that the Convention has endorsed these two schismatic acts, for they alienate us from the worldwide Anglican Communion and repudiate the clear teaching of Holy Scripture. These decisions have wounded the Body of Christ and left us more divided and broken than ever before. By these two decisions, the Episcopal Church, which we love and treasure, has violated its own Constitution which commits us as a Church to "upholding and propagating the historic Faith and Order" of the one holy catholic and apostolic Church.

As faithful Episcopalians, we grieve with other Christians who are shocked and offended by these decisions. Many members of this Diocese already have communicated to me that they feel their Church has betrayed them and abandoned the teaching of the Bible. As a Diocese, we must stand with mainstream Anglicans around the world in defense of the faith and unity of the Church. The Episcopal Church is the only Province of the 38 Provinces in the worldwide Anglican Communion to make such catastrophic innovations as we have done at this Convention.

Already a series of meetings has been called, both here and abroad, to consider the best way to respond to this crisis. In response to an appeal by orthodox Bishops here in the United States to intervene in the pastoral emergency that confronts us, the Archbishop of Canterbury has called for a special meeting of all the Primates of the Anglican Communion in London in early October. Along with many others, I believe that the actions of this General Convention have set in motion a process that will lead to a realignment of the Anglican Communion. At this time, it is impossible to say exactly what form that might take.

What does all of this mean for us in the Diocese of Fort Worth? I want to reassure all of you that we will remain faithful to the Gospel of our Lord Jesus Christ and the clear teaching of the Bible as the Word of God. This General Convention has abandoned the historic teaching of the Church on matters of human sexuality, but we have not and we will not. I repudiate and disassociate us from the decision to consecrate an openly gay man as a Bishop, and I forbid our priests to bless same-sex unions under any circumstances.

I have scheduled a meeting of our clergy to talk about this crisis on Saturday, August 16th. In early October, some of us will be meeting with hundreds of other Episcopal Church leaders in Plano, Texas, in order to network with several other Dioceses and to clarify how we are to go forward together. As these deliberations take place and the situation unfolds, I will be in communication with all of you. Our Diocesan Convention will be addressing these concerns when we meet on November 7 and 8, 2003. In the meantime, I ask every member of this Diocese to continue to do what you have been doing: Continue to be faithful in worship and in witness to the Lord Jesus Christ. Continue to work, pray, and give for the spread of God’s Kingdom in the world.

All of you are in my prayers, and I ask your prayers for the unity of the Church. Pray for the courage, love and peace we all need in order to face these troubled times. As your Bishop, I renew my commitment to be a faithful pastor of the flock entrusted to my care and to guard and defend the faith, unity, and discipline of the Church of God. May the Lord in His goodness continue to protect and guide us by the power of the Holy Spirit.

Faithfully in Christ,

The Rt. Rev. Jack Leo Iker
Bishop of Fort Worth

 

  

Una Carta Pastoral del Obispo


Léase en todos los servicios en todas las congregaciones de la
Diócesis Episcopal de Fort Worth
en domingo, 10 agosto, 2003

Canon III.24.5
El obispo diocesano puede entregar, de vez en cuando,
un cargo a los clérigos de la diócesis y una carta pastoral al pueblo de la diócesis
sobre puntos de doctrina, disciplina, o culto. El obispo puede requirir que los clérigos
lean la carta pastoral a sus congregaciones.

 

Querido Pueblo de Dios,

Les escribo como su pastor principal en la conclusión de la 74a Convención General de la Iglesia Episcopal. Sin duda Uds ya han visto y oído en los medios públicos de comunicación sobre algunas decisiones asombrosas tomadas en la Convención que parten de la enseñanza tradicional de la Iglesia sobre la moralidad sexual y el matrimonio. Ha sido un tiempo inquietando para sus deputados a la Convención y para mí mientras que hayamos tratado de sostener la autoridad bíblica en el caso de dos cuestiones específicas.

Primero, toda nuestra deputación votó en contra la aprobación dada por la Convención General para la consagración de un homosexual activo a ser un obispo de esta iglesia en la diócesis de New Hampshire. Segundo, también votamos en contra la resolución que ahora permite la bendición de uniones de personas del mismo sexo en la Iglesia Episcopal.

Estamos profundamente tristes que la Convención ha respaldado estas dos acciones cismáticas, porque nos ajenan de la Comunión Anglicana mundial y repudian la enseñanza clara de las Sagradas Escrituras. Estas decisiones han herido el Cuerpo de Cristo y nos dejado más divididos y rotos que nunca. Por medio de estas dos decisiones, la Iglesia Episcopal, a que amamos de todo corazón, ha violado su propia constitución que nos comete como una Iglesia a "sostener y propagar la Fe y la Orden históricas" de la Iglesia Una, Santa, Catolica y Apostólica.

Como episcopales fieles, lloramos con otros cristianos que están escandalizados y ofendidos pro estas decisiones. Muchos miembros de esta diócesis ya se me han comunicado que creen que su iglesia los ha traicionado y abandonado la enseñanza de la Biblia. Como una diócesis, debemos quedarnos con anglicanos ortodoxos en todo el mundo en defensa de la fe y unidad de la Iglesia. La Iglesia Episcopal es la única provincia de las 38 provincias en la Comunión Anglicana mundial que ha hecho tales innovaciones catastróficas como hemos hecho en esta Convención.

Ya se han pedido una serie de reuniones, y aquí y en el extranjero, para considerar la mejor manera de responder a esta crisis. Respondiendo a una súplica de los obispos ortodoxos aquí en los EEUU a intervenir en la emergencia pastoral que se nos presenta, el Arzobisopo de Canterbury ha hecho un llamamiento por una junta especial de todos los primados de la Comunión Anglicana en Londres que tendrá lugar en la primera parte del més de octubre. Con muchos otros, yo creo que las acciones de esta Convención General han puesto en movimiento un proceso que terminará en una alineación nueva de la Comunión Anglicana. En este momento, no es posible decir exactamente qué forma tomaría tal alineación.

¿ Qué significa todo esto para nosotros en la Diócesis de Fort Worth? Quiero tranquilizarles a todos Uds. que permaneceremos fieles al Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo y la enseñanza clara de la Biblia como la Palabra de Dios. Esta Convención General ha abandonado la enseñanza histórica de la Iglesia en cuestiones de la sexualidad humana, pero nosotros no, y no vamos a abandonarla. Yo repudio y nos disasocio de la decisión a consagrar como obispo a un hombre abiertamente homosexual, y yo prohibo que nuestros sacerdotes bendigan uniones de personas del mismo sexo bajo ninguna circunstancia.
He planeado una reunión de nuestro clero para hablar sobre esta crisis en sábado, 16 agosto. En la primera parte de octubre, algunos de nosotros nos juntaremos con cientos de otros líderes de la Iglesia Episcopal en Plano, Texas, para colaborar con varias otras diócesis y para clarificar como iremos en adelante juntos. Mientras que estas deliberaciones tengan lugar y la situación se desarrolla, me comunicaré con todos Uds. Nuestra Convención Diocesana abordará estas preocupaciones cuando nos reunamos en el 7 y 8 de noviembre, 2003. Mientras tanto, le pido a cada miembro de esta Diócesis que continue hacer lo que ha estado haciendo: Sigan fiel en la adoración y en el testimonio al Señor Jesucristo. Sigan a trabajar, orar, y dar por la extensión del Reino de Dios en el mundo.

Uds. todos están en mis oraciones, y les pido sus oraciones por la unidad de la Iglesia. Oren por el valor, amor y paz que todos necesitamos para emfrentarnos con estos tiempos intranquilos. Como su obispo, yo renuevo mi compromiso de ser un pastor fiel al rebaño encargado a mí y proteger y defender la fe, unidad, y disciplina de la Iglesia de Dios. Que el Señor en su bondad continue a proteger y guiarnos por el poder del Espíritu Santo.

A su servicio fiel en Cristo,

El Rev'disimo Jack Leo Iker
Obispo de Fort Worth